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Noviembre hermético (XXVI): Asinus, el catoblepas ingenuo

26 Nov

En ocasiones un magus encuentra un familiar que no está a la altura de sus expectativas o poder mágico, pero tiene que conformarse con él por su afinidad natural. En otros casos, es un magus especialmente necio el que se tropieza por azar con una criatura poderosa e imponente. Pero en contadas (y aciagas) situaciones, se combinan un magus corto de miras y un familiar igual de limitado. En esos casos, ay de quien se encuentre en el camino de esa infausta dupla.

Ese fue el caso de Abe de Bonisagus. Abe, quien superó el Desafío por los pelos (según dicen, la Trianomae con la que compartió aprendizaje se apiadó de él y le sopló, Creo Mentem mediante, la inspiración necesaria para demostrar los conocimientos más rudimentarios de la Teoría Mágica), nunca fue un magus mínimamente brillante o creativo, al menos no en el sentido convencional del término. Tenía ideas interesantes, sí, diferentes, también… pero por desgracia, todas ellas completamente irrealizables, no solo para alguien de sus limitadas capacidades, sino incluso para magi mucho más experimentados que él. Sin embargo, él nunca desistió, considerando que era el resto de la Orden de Hermes la que no comprendía sus iluminaciones. De hecho creó una serie de tractatus, el Abe Idearium, que se encuentra entre las peores obras herméticas jamás pergeñadas.

Sí, Abe era un magus diferente. Tanto es así que, cuando llegó el momento de buscar un familiar, Abe decidió que más que un ayudante de laboratorio, necesitaba al lado una criatura que pudiera defenderle de cualquier peligro y, ya puestos, que pudiera usar como medio de transporte en sus viajes. En un primer momento pensó en un dragón, una sierpe o cualquier otro pariente de los dracónidos. Sus intentos por encontrar y entablar relación con cualquiera de esas criaturas se saldó con resultados desastrosos, a menudo con Abe herido, chamuscado o humillado de alguna otra forma. Aun así, el Bonisagus no desistió, buscando de forma incansable… y fracasando siempre de forma impenitente.

Entonces, un día, Abe leyó la Historia natural de Plinio el Viejo. Y descubrió al catoblepas.

Aquella especie de toro con cabeza de cerdo parecía una criatura con la que podía compartir una afinidad evidente. Se le atribuía un limitado intelecto, sí, pero sin duda parecía más que capaz de llevarle a cuestas, y también parecía tener terribles poderes, capaces de acabar con cualquier enemigo que se le pusiera por delante, además de una resistencia a todo tipo de ataques. De inmediato, Abe empaquetó lo imprescindible y emprendió un largo viaje hacia el valle del Nilo, que se decía que era el hábitat natural de la bestia, probablemente en alguna zona fácil de reconocer por haber sufrido sus terribles estragos. Tras un lamentable periplo que más vale no detallar, Abe llegó a su destino y, tras ciertas confusiones con algunos nativos (según cuentan no hacía más que decir «¿Alguien conoce mi idioma?» en latín en los zocos de la zona), alguien le habló sobre la existencia de una criatura como la que buscaba en las cercanías. No le importó que el pillastre que le proporcionó la información le robara lo poco de valor que le quedaba a esas alturas del viaje, pues de inmediato puso rumbo a una zona especialmente desolada del norte de Etiopía, donde encontró a la bestia en cuestión. Y era todo lo que había deseado. Se trataba de un animal tímido, lento de movimientos y corto de entendederas, pero que reaccionó con curiosidad a la presencia de aquel humano que no parecía temer por su integridad al verle. De hecho, tras un ímprobo esfuerzo por levantar la cabeza para observarlo debidamente, su mirada letal no le pareció afectar en lo más mínimo. Por eso, cuando aquel personaje decidió quedarse en las cercanías, no le importó.

Ni siquiera el propio Bonisagus habría entendido bien las escenas que se produjeron durante las siguientes semanas en aquel valle dejado de la mano de Dios. Abe trataba de granjearse el cariño de la criatura, pero sin mirarla nunca de frente, para evitar sufrir los daños de su mirada o su nocivo aliento. Le acariciaba el lomo desde atrás y le hablaba con afecto, y la bestia intentaba girarse hacia él, no para usar su poder, sino más bien para intentar mostrar su alegría a quien tanto ahínco mostraba por congraciarse con ella. Su intelecto, sin duda, era tan limitado como decían, pero era una bestia cariñosa y cercana. A menudo, eso derivaba en incomprensibles cabriolas tras las que acababan persiguiéndose el uno al otro casi sin quererlo, para estupefacción de los viajeros que pasaban por la región, y que salían huyendo despavoridos al ver al catoblepas.

Al final, Abe consiguió su objetivo y logró congraciarse con la bestia. Pero ahora quedaba lo más difícil: volver con él a su laboratorio para vincularlo como familiar. El camino de vuelta fue igual de azaroso que el de ida, en este caso por el tragicómico empeño de Abe por evitar que Asinus, como llamaba a su nuevo amigo, causara estragos allá por donde pasaba. El Bonisagus le tapaba los ojos con una tela, le cubría los ollares… pero al final tuvo que evitar los caminos principales para evitar que lo lincharan públicamente. Tras semanas de penurias y desgracias, llegó a su alianza dispuesto a vincular a Asinus como familiar. El estupor causado por la llegada de Asinus no puede describirse con palabras, y hubo más de un herido (o peor) en esas primeras horas. Se consideró seriamente expulsar a Abe de la alianza, pero sus superiores decidieron que tal vez Asinus podría ser un valioso recurso defensivo para la alianza en caso de ataques. Por lo tanto, no solo decidieron no expulsar a Abe, sino que asignaron a su vieja amiga Trianomae para que le ayudara a vincular a Asinus, dado que hacerlo en solitario estaba muy por encima de sus capacidades. (En paralelo, encargaron al herrero de la alianza forjar un yugo que impidiera a Asinus levantar la cabeza aunque quisiera, cosa que salvaría muchas vidas de la alianza en el futuro cercano).

Pocos meses después, Asinus era por fin el familiar de Abe. El Bonisagus está encantado, no podría haber soñado nada mejor. El catoblepas y él son inseparables y, aunque tiene que llevar ese dichoso yugo mientras está dentro de la alianza, los dos disfrutan de su mutua compañía y haciendo pequeñas excursiones juntos. Abe está incluso considerando transportar su laboratorio al establo, dado que el enorme bovino no cabe en su laboratorio convencional y por ahora no ha tenido oportunidad de imbuir más que los efectos más básicos en él.

El resto de miembros de la alianza, mientras tanto, miran de reojo al Bonisagus y cruzan los dedos para que pronto encuentre otro lugar en el que desarrollar sus estrambóticas ideas.

Asinus, el catoblepas ingenuo

Poder Mágico: 12 (8+4) (Animal)
Características: Int -2, Per 0, Pre -4, Com -4, Fue +5, Vit +5, Des 0, Rap -1
Tamaño: +2
Virtudes y Defectos: Amigo Mágico; Amistad Verdadera; Inmunidad Mayor (madera), Inmunidad Mayor (metal), Vitalidad Notable x2; Depresivo, Jorobado, Infame, Monstruo Mágico
Cualidades e Inferioridades Mágicas: Aguante Mejorado, Poder Aumentado x4, Poder Mayor (Mirada Letal), Poderes Mejorados, Poder Menor x2 (Aliento Tóxico, Hedor Paralizante); Poder Limitado (Mirada Letal), Tendencia a la Aclimatación
Rasgos de Personalidad: Catoblepas +3, Leal (a Abe) +3, Melancólico +3, Pasivo +2
Reputación: Mortal (local) 4
Combate:
Cuernos: Ini +1, Ataq +7, Def +5, Daño +8
Aguante: +12
Niveles de Fatiga: OK, 0, -1, -3, -5, Inconsciente
Penalizaciones por Heridas: -1 (1-7), -3 (8-14), -5 (15-21), Incapacitado (22-28), Muerto (29+)
Habilidades: Atletismo 3 (cargar), Atención 3 (cazadores), Conocimiento de Área 3 (zonas de pasto), Pelea 3 (cuernos)
Vis: 2 peones de vis de Perdo, uno en cada uno de los ojos

Poderes Mágicos: 

  • Mirada Letal, 2 puntos, Corpus y Animal, Ini -5 
    Si Asinus levanta la cabeza y establece contacto visual con alguien, el objetivo cae fulminado de inmediato. Asinus tarda un asalto entero en levantar la cabeza, lo que da el tiempo necesario para que cualquier incauto que conozca este poder salga corriendo a toda velocidad.
  • Aliento Tóxico, 0 puntos, Herbam, Ini -7
    Toda planta sobre la cual respire Asinus se vuelve venenosa tanto para los humanos como para los animales. Las plantas quedan marcadas con manchas negras, y cualquiera que las consuma deberá hacer una tirada de Vitalidad de 9+ o sufrirá una Herida Leve y se sentirá terriblemente indispuesto durante un día. En caso de pifia, sufrirá una Herida Media. Este daño puede tratarse con Medicina y no con Cirugía.
  • Hedor Paralizante, 0 puntos, Corpus y Animal, Ini -9
    Asinus puede exhalar una horrenda nube tóxica y, en el asalto posterior, cualquier humano o animal que huela sus efluvios quedará totalmente inmovilizado. Esta parálisis dura hasta que Asinus deje de exhalar su fétida nube, o se aleje de la zona. Puede afectar a cualquier objetivo a menos de 3 metros de la criatura y que tenga capacidad para oler el miasma.

Características como familiar

Total de Laboratorio mínimo para vincularlo: 49

Fuerza de los lazos: Oro +0, Plata +0, Bronce +4

Poderes imbuidos: 

  • Localización: Abe conoce en todo momento dónde se encuentra Asinus. Ninguno de los sodales de la alianza de Abe entiende por qué le ha imbuido este poder en el catoblepas, dado que no se separan el uno del otro en ningún momento. (Intellego Animal base 3, +1 Toque, +1 Concentración, +3 por 6 usos diarios, Nivel Final del efecto 8).

Apariencia: Asinus tiene el tamaño y aspecto general de un toro, pero su enorme cabeza se asemeja lejanamente a la de un cerdo. Dicha cabeza está agachada de forma perenne, y su bovina mirada (pues solo así puede definirse) mira eternamente al suelo… por suerte para quienes le rodean. Tiene una melena de pelaje enmarañado que le cubre la cabeza, y el cuerpo cubierto de una formidable capa de escamas que le vuelve invulnerable a casi cualquier ataque. Tiene un par de cuernos blancos y curvos que le nacen por debajo de los ojos y una larga cola como la de un caballo. Abe lleva varios meses intentando que acepte ser ensillado, pero hasta ahora no ha tenido suerte.Ni siquiera su insistencia saca a Asinus de su complaciente apatía.

 
4 comentarios

Publicado por en 26 noviembre, 2021 en Miscelánea

 

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4 Respuestas a “Noviembre hermético (XXVI): Asinus, el catoblepas ingenuo

  1. Kuni Mizomura

    26 noviembre, 2021 at 12:04 pm

    El legado de Abe perdura en los años y los continentes. ¿Lo sabrá el propio Abe?

     
    • Teotimus

      26 noviembre, 2021 at 12:05 pm

      No lo dudes ni por un momento. Abe lo sabe todo… a su manera.

       
  2. tadeln

    26 noviembre, 2021 at 11:31 pm

    Muy fan. #Abe4primus

     
    • Teotimus

      27 noviembre, 2021 at 10:32 am

      Abe de Primus provocaría otra Guerra del Cisma él solo y el dies irae sin necesidad de enemigos externos…

       

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