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Noviembre hermético (XXIV): Guévaud, jabalí autómata

24 Nov

(El siguiente familiar bebe del capítulo dedicado a Herón de Alejandría publicado en el suplemento Ancient Magic, así como de las reglas de integración hermética de tradiciones no herméticas y de algunos Misterios de los Verditius; sin embargo, todo ese contenido es más bien material de fondo. Guévaud es, básicamente, un objeto encantado imbuido que tiene la forma de un jabalí de latón, con inteligencia limitada y personalidad propia, y vinculado como familiar).

Herón de Alejandría es una de las figuras de la antigüedad que más ha fascinado a los magi de la Orden de Hermes interesados en la investigación de la magia más antigua y poderosa. Su capacidad para insuflar vida en objetos aparentemente inanimados, para crear autómatas y artefactos con personalidad propia, ha fascinado a no pocos miembros de la Orden casi desde su fundación. Faetón de Verditius es uno de ellos, un magus con sangre de enano que renunció a estudiar los Misterios de los autómatas de su Casa (para sorpresa de sus sodales) y se pasó varias décadas de su vida investigando de manera obsesiva la historia y los conocimientos de Herón, lo que le llevó a realizar no pocos viajes desde su Normandía natal hasta Egipto, lo que acabó cobrándose un precio en su salud.

Sin embargo, convertido ya en un magus centenario en el que empezaban a notarse los estragos de la edad, Faetón consiguió por fin su gran objetivo: descubrir el secreto de los Artefactos Despertados, por el cual Herón y sus aprendices podían insuflar «vida» en sus simulacra, objetos forjados a mano que representaban de manera fiel animales u otros elementos del mundo real. Invadido por la habitual hibris que caracteriza a los magi de su Casa, el magus se puso a trabajar de inmediato en una creación que demostrara de forma patente ese conocimiento, con el objetivo de presentarla en el siguiente certamen de objetos mágicos de Verdi. Durante meses, trabajó con sus asistentes de forja, creando lo que parecía una formidable estatua a tamaño natural de un jabalí hecho de latón, con dos pequeños ónices a modo de ojos y colmillos hechos de hierro. Sus cerdas eran hebras metálicas finamente trabajadas. La tarea era de por sí un desafío ímprobo, pero una vez concluyeron la obra mundana y los aprendices dejaron solo a Faetón en su taller, empezó la parte más complicada: imbuir vida en la criatura. Fue necesario todo el conocimiento del Verditius, hasta el último gramo de su capacidad para manipular energía mágica en su laboratorio, para hacer realidad su sueño, pero al final lo consiguió: despertó la «inteligencia», si así puede llamarse, que había en el jabalí. El hecho de que la criatura mostrara de inmediato una agresividad y una obstinación incluso superior a la que tendría un jabalí normal fue probablemente consecuencia de la precipitación de Faetón al emprender el experimento, pero al Verditius no le importó: había logrado lo que pretendía, justo a tiempo para vincular a la criatura como familiar, imbuir un par de efectos más y presentarse en Verdi.

Cuando el Verditius apareció en el certamen de objetos mágicos del año siguiente, Guévaud, como había bautizado al jabalí, causó sensación. La criatura podía moverse como si fuese un jabalí de verdad, demostró su capacidad como depredador dando caza a varias presas liberadas a tal efecto, e incluso infundió miedo en algún mundano gracias a su fulgurante mirada. Si a eso se añadía la exquisita manufactura mundana de la figura de Guévaud, no había discusión posible: Faetón fue nombrado ganador del certamen de forma unánime. Por desgracia, poco después de recibir el galardón, Guévaud sufrió uno de sus habituales arranques de furia y destruyó buena parte de la sala donde se estaba celebrando la clausura del certamen, para desesperación tanto de su dueño como de los asistentes. Tras un acalorado debate, se decidió retirarle el premio a Faetón e imponerle una multa simbólica de vis para que la próxima vez se lo pensara dos veces antes de acudir al certamen con una «maravilla defectuosa», como la llamaron.

Con el orgullo herido y los bolsillos algo más vacíos, Faetón regresó a Normandía. Creía que había aprendido a apreciar al jabalí con todas sus virtudes y todas sus limitaciones, pero aquel castigo exagerado, como él lo consideraba, le estaba haciendo replantearse las cosas. Tenía delante un terrible dilema: podía intentar mejorar a Guévaud, insuflarle nuevas habilidades, domeñar aquel carácter feroz que tenía, y que ni siquiera sabía si se podía domeñar. O bien podía destruir a Guévaud y crear un nuevo artefacto similar, pero depurado de cualquier defecto, y presentarse en el siguiente certamen para reclamar lo que legítimamente consideraba que era suyo.

A día de hoy, Faetón aún no ha tomado una decisión. Sin duda su hibris lo empuja a destruir al jabalí de latón y empezar de nuevo, pero hay algo, tal vez un inexplicable (e inaceptable, para él) vínculo emocional que existe entre magus y familiar, que por ahora le impide dar ese paso…

Guévaud, jabalí autómata

Poder Mágico: 17 (Terram)
Características: Int 0, Per 0, Pre -4, Com -5, Fue +2, Vit +2, Des +0, Rap +1
Tamaño: 0
Virtudes y Defectos: Animal Mágico; Amigo Mágico; Amistad Verdadera, Berserker, Constitución Resistente, Duro, Ferocidad (cuando está acorralado); Gula (menor), Ira (menor)
Cualidades: Agresivo, Animal Gregario, Infatigable, Piel Dura, Recio
Rasgos de Personalidad: Furioso +3, Jabalí* +3, Leal (a Faetón) +3, Valiente +2
Ferocidad: 1 (3)
Combate:
Colmillos: Ini +1/+1, Ataq +10/+12, Def +9/+7, Daño +9/+9*
* La segunda cifra indica los totales cuando está en estado de berserker
Aguante:
 +7
Niveles de Fatiga: OK, 0/0, -2/-2, -4, Inconsciente
Penalizaciones por Heridas: -1 (1-5), -3 (6-10), -5 (11-15), Incapacitado (16-20), Muerto (21+)
Habilidades: Atención 3 (forrajear), Atletismo 4 (esprintar), Cazar 3 (herbívoros), Pelea 5 (colmillos), Supervivencia 5 (bosques)
Vis: 3 peones de vis de Terram, en los colmillos

Poderes Mágicos: 

  • Ninguno

Características como familiar

Total de Laboratorio mínimo para vincularlo: 42

Poder de los lazos: Oro +2, Plata +2, Bronce +2

Poderes imbuidos: 

  • El Cazador Acechante: Guévaud puede moverse con total libertad, siguiendo las órdenes de su maestro y, en ocasiones, su propia voluntad. Esto último debería ser a priori algo imposible, pero sin duda es consecuencia de algún tipo de error en el proceso de «despertar» de la personalidad del jabalí. (Rego Terram base 25, +1 Concentración, +5 porque el objeto mantiene la concentración; +10 niveles por usos ilimitados, Nivel Final del efecto 45).
  • El Jabalí Desatado: Cuando es necesario, Guévaud puede volverse mucho más veloz que en su forma natural. En esas situaciones, su Rapidez aumenta en +2, lo que también afecta a sus totales de combate. Guévaud suele usar este poder solo cuando está de caza, para evitar que se le escape alguna presa, aunque cuando está especialmente huraño también puede usarlo para perseguir a cualquier mundano que haya incurrido en su ira. (Creo Terram base 10, +2 Concentración, +1 para subir la bonificación a +2, +5 niveles porque el objeto mantiene la concentración, +4 por 12 usos diarios, Nivel Total del efecto 34).
  • El Pavor del Saino: Guévaud puede infundir un miedo abrumador en una persona o animal con los que intercambie la mirada. Este poder equivale al hechizo Infundir el Temor en los Corazones de la página 222 del manual de Ars Magica. (Creo Animal (Mentem) base 4, +1 Ocular, +1 por requisito, +2 Solar, +4 por 12 usos diarios, Nivel Total del efecto 24).
  • Colmillos Lacerantes: Los colmillos de Guévaud están sobrenaturalmente afilados, lo que les proporciona un +2 al Daño, ya incluido en las características de combate indicadas más arriba. Este poder equivale al hechizo El Filo del Escalpelo de la página 231 del manual de Ars Magica. (Creo Terram base 3, +1 Parte, +2 Solar, +2 Metal, +3 por activación ambiental, +1 por 2 usos diarios para hacerlo constante, Nivel Total del efecto 24).

Todos los poderes de Guévaud están imbuidos como si se tratara de un objeto encantado convencional, y algunos son efectos relativamente habituales en los autómatas de los Verditius.

Apariencia: Guévaud es un jabalí de tamaño natural hecho de latón, que parece haber cobrado vida. Su «piel» es de un color dorado claro y pulido, cubierta, sobre todo en la parte del lomo, por hebras hechas del mismo metal hilado. Tiene dos ónices por ojos que brillan con evidente inteligencia, aunque la criatura es incapaz de comunicarse más allá de mediante bramidos y gruñidos. Sus dos largos colmillos están hechos de hierro de un color ocre oscuro. Guévaud es una criatura inquieta y evidentemente huraña, que siempre se está removiendo y mirando de manera amenazadora a quienes le rodean, incluso al propio Faetón. Sin embargo, en el fondo el vínculo que existe entre él y el magus tiene su peso, y si se presenta algún peligro, el jabalí hará cualquier cosa por su propietario, quien no en vano le dio la «vida». No se puede decir lo mismo del propio Faetón…

 
2 comentarios

Publicado por en 24 noviembre, 2021 en Miscelánea

 

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2 Respuestas a “Noviembre hermético (XXIV): Guévaud, jabalí autómata

  1. Sylph

    24 noviembre, 2021 at 5:17 pm

    De todas las entradas hasta la fecha, esta me ha parecido una de las más brillantes. «Ancient Magic» rompe con muchas de las limitaciones de la Teoría Hermética y te ayuda a pensar «fuera de la caja», aquí lo has llevado un paso más allá al proponer la vinculación del magus con su creación.
    Por otro lado, me ha sido imposible no encontrar cierto paralelismo con «Frankenstein», y cómo la creación acaba por expresar su libre albedrío en ese arranque de furia incontrolado, al márgen de los deseos y designios de su creador, que en este caso, no le ha dejado a su suerte (aún), como sí ocurriría en el moderno Prometeo.

     
    • Teotimus

      24 noviembre, 2021 at 5:23 pm

      Viniendo de la maga creadora de la comadreja espectral Diedne, me lo tomaré como un halago… y tiemblo al pensar lo que puede salir de esa mente calenturienta. 😉

      Ancient Magic es un gran manual. Peligroso también, creo que hay que usarlo con cuentagotas para que esa «sensación de maravilla» no se vulgarice y siga siendo realmente especial, pero usado con criterio, puede dar para historias muy, muy interesantes. Cada capítulo es un pozo sin fondo de ideas.

      En cuanto al paralelismo con Frankenstein, coincido con él, aunque a mí no se me había pasado por la cabeza: más bien fue consecuencia de pensar «cómo podría ser un jabalí cuya mente está dentro de un cuerpo de latón», y salió esto. A lo mejor si Faetón no se hubiera precipitado tanto, la criatura habría sido más dócil… nah, ¿a quién intento engañar? 😉

       

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