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Noviembre hermético (XVIII): Niklos el apotecario

18 Nov

Niklos creció en una pequeña aldea cuyos habitantes tenían un contacto relativamente frecuente y cordial con el Pueblo Hermoso. Él era el hijo de la curandera local, una mujer conocida por ayudar a todos los seres heridos con los que se encontraba, fueran de la raza que fueran. Decían que el Pueblo Hermoso tenía una deuda con ella, y Niklos comprobó que así era: su madre pronto le llevó a visitar lo más profundo del bosque cercano, donde conoció a criaturas fabulosas, hermosas dríadas y pequeños duendecillos que le enseñaron los secretos de la naturaleza y de las plantas que en ella crecían. Eso, combinado con el oficio de apotecario que su madre ya empezaba a inculcarle, abrieron a Niklos un mundo fascinante que marcaría su vida, para bien y para mal.

Por desgracia, todo cambió cuando falleció su madre, siendo el chico aún un adolescente. Los miembros del Pueblo Hermoso empezaron a rehuir entonces a Niklos. No se sentían en deuda con él como lo hacían con su madre, y dejaron de enseñarle y guiarle, volviéndose más esquivos con él hasta desaparecer por completo de su vida. Niklos aprendió que el Pueblo Hermoso tiene un lado oculto mucho menos hermoso cuando intentó obligar a una de las dríadas a seguir revelándole los secretos del bosque. Sin saber cómo, el joven se encontró atrapado dentro de un árbol, medio fusionado con la madera de su tronco. Salir de allí fue una tortura inimaginable, pero lo logró. El esfuerzo deformó su espalda de forma irremediable, provocándole una joroba de por vida que le recordó que no es bueno obligar a un hada a seguir tus órdenes. También descubrió que, desde aquel día, los animales notaban algo raro en él y reaccionaban de forma hostil cuando andaba cerca.

Niklos decidió dedicarse entonces en cuerpo y alma al oficio que había heredado de su madre. Combinó ese oficio con los conocimientos herbales que ya tenía, y que siguió perfeccionando siempre que le fue posible, hasta que fue capaz de curar males y enfermedades que a los lugareños les parecían incurables. Esa obsesión por su oficio le llevó a descuidar su apariencia y su conducta, lo que le convirtió en una figura mucho menos popular que su madre, siempre encerrado en sí mismo y comportándose de forma hosca. Sin embargo, nunca le negó la ayuda a nadie, de manera que los lugareños, con una hipocresía que no le pasaba desapercibida, murmuraban a sus espaldas pero luego acudían a pedir auxilio cuando les aquejaba algún mal. Ya por entonces empezó a descubrir que  había tanta gente interesada en curarse como en causar males a otros, y que su oficio también podía tener otro lado más siniestro: el de envenenador. Pero como hacía con quienes acudían para ser curados, nunca negó su ayuda a quien le pedía los venenos más extraños. Eso sí, nunca volvió a tratar con el Pueblo Hermoso.

La vida de Niklos volvió a dar un vuelco cuando ya rozaba la treintena. Un día visitó el pueblo una extraña mujer, hermosa y altiva, con el rostro salpicado de unas enormes llagas que le provocaban un horrible dolor. Decía haber oído hablar de Niklos, y le pidió ayuda para librarse de aquel mal. El apotecario la atendió de inmediato, y pronto preparó una cataplasma que calmó el dolor e hizo desaparecer las llagas en pocos días. Sorprendida, la mujer le pagó generosamente y le propuso acompañarla de vuelta a su hogar, donde podría sacar más partido de sus considerables dones y la gente no le miraría tan mal como en el pueblo. Niklos aceptó sin dudarlo mucho y pronto abandonó el lugar donde siempre había vivido.

El herborista tardó poco a acostumbrarse a la vida en la alianza. Pronto, de hecho, se convirtió en un recurso muy valioso para los magi, tanto por sus artes curativas como por su conocimiento sobre la gran mayoría de venenos naturales que existen, y alguno no tan natural. A lo largo de los años, Niklos se ha ido ganando un hueco en el ecosistema de la alianza, volviéndose cada vez más experto en sus artes, pero también más huraño y refunfuñón. Más de un miembro de la alianza se ha llevado algún brusco desplante ante una petición de ayuda, aunque al final el apotecario siempre acaba cediendo. No tiene un corazón de oro, simplemente ama (o le obsesiona) demasiado su oficio como para perder la oportunidad de practicarlo.

Ahora, rozando la cincuentena, Niklos empieza a notar el paso del tiempo. Lleva un tiempo investigando posibles remedios naturales contra el envejecimiento, pero por ahora no ha encontrado ninguno que funcione. Está considerando pedir a los magi que le enseñen a leer para ver si en lo libros de la biblioteca hay alguna solución a los dolores de huesos que empieza a tener. Tal vez baste con pedírselo con un poco de educación…

Consejos de interpretación: Masculla constantemente por lo bajo mientras hablan los demás. Cuando tengas que curar a alguien, hazlo con diligencia y eficacia, pero refunfuñando en todo momento, reprochándoles a tus pacientes su estado, ¡como si fuese culpa suya que estén heridos o enfermos! Sonríe poco (o nunca) y habla siempre con miedo del Pueblo Hermoso.

Idea para historia: Uno de los magi de la alianza aparece muerto en su laboratorio, claramente envenenado por un producto de origen natural. Una rápida investigación sigue el rastro del veneno hasta Niklos, pero el gruñón apotecario niega vehementemente haber preparado ese veneno recientemente, y mucho menos habérselo administrado al magus en su comida, por mucho que no se llevara especialmente bien con él. ¿Qué está ocurriendo? ¿Alguien ha borrado la memoria de Niklos para que olvide sus propios actos? ¿O hay en liza algún imitador del herborista que quiere que le expulsen de la alianza? Sea como sea, Niklos será el primero interesado en limpiar su nombre, aunque no dejará de gruñir, quejarse y refunfuñar durante todo el proceso.

Niklos el apotecario

Características: Inteligencia +2, Percepción +2, Presencia -1, Comunicación 0, Fuerza -1, Vitalidad 0, Destreza +2, Rapidez -1
Tamaño: 0
Edad: 48 (48)
Decrepitud: 0 (1)
Informidad: 0 (3)
Virtudes y Defectos: Conocimiento Arcano, Herbología*, Maña en Apotecario; Jorobado, Incomprendido, Ofensivo para los Animales
Rasgos de personalidad: Gruñón +3, Profesional +2, Valiente -1
Combate: n/a
Aguante: +0
Niveles de fatiga: OK, 0, -1, -3, -5, Inconsciente
Penalizaciones por heridas: -1 (1-6), -3 (7-12), -5 (13-18), Incapacitado (19-24), Muerto (25+)
Habilidades: Atención 4 (identificar plantas), Cirugía 5 (diagnóstico), Concentración 3 (laboratorio), Conocimiento de Área 4 (geografía), Conocimiento Mágico 2 (hierbas mágicas), Cultura Feérica 3 (hadas de los bosques), Don de Gentes 3 (magi), Embaucar 2 (mentiras rápidas), Herbología 8 (venenos), Lenguaje Materno 5 (nombres de hierbas), Prestidigitación 4 (“colocar” venenos), Profesión: Apotecario 6+2 (plantas), Regatear 3 (hierbas), Supervivencia 2 (bosque)
Equipo: Túnica, delantal lleno de bolsillos, zurrón, mortero
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*Ver Art and Academe, pág. 55. A todos los efectos, esta habilidad tiene los mismos usos que Medicina, pero con remedios naturales y vegetales. También cubre el conocimiento y preparación de venenos.

Notas de diseño: Algunos de los puntos de experiencia de Niklos no han sido invertidos en habilidades, sino en la adquisición de fórmulas y teríacas (ver Art and Academe). Se asume que conoce la cataplasma de mostaza, la tintura de perejil y la esponja soporífera, aunque los detalles concretos se pueden alterar sin problema. También conoce una amplia variedad de venenos vegetales, y cómo administrarlos de forma eficaz.

 
2 comentarios

Publicado por en 18 noviembre, 2020 en Miscelánea

 

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2 Respuestas a “Noviembre hermético (XVIII): Niklos el apotecario

  1. Idabaoth

    18 noviembre, 2020 at 9:29 pm

    Para dos sanadores que aparecen en el blog, menudos perlas…

     
    • Teotimus

      19 noviembre, 2020 at 8:30 am

      Pobre Niklos, es un incomprendido. Él solo quiere trastear con sus hierbas…

       

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