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Noviembre hermético (XX): El palacio de la memoria de Fatim

24 Nov

Entre los eruditos medievales existe el llamado Arte de la Memoria (ver The Mysteries), una curiosa habilidad mnemotécnica, conocida y entrenada solo entre los más sabios de la sociedad, que les permite retener y reproducir de forma prodigiosa sus recuerdos con todo lujo de detalles. Varios son los expertos que existen en ese arte, no solo dentro de la Orden de Hermes, sino por toda la Europa Mítica. Menos son los capaces de crear lo que se conoce como un palacio de la memoria, una construcción mental en la que el practicante de este arte va distribuyendo sus recuerdos, a los que puede acceder cuando lo necesita. Y menos aún son los que son capaces de crear un laboratorio mental. Probablemente solo haya una persona así en todo el mundo conocido: Fatim de Criamon.

Oriundo del sur de Iberia, Fatim siguió por un tiempo las diversas escuelas y corrientes de su Casa en esa región, con especial atención a los sufíes, hasta que oyó hablar de los jariyíes, un grupo de Criamon que existió en el siglo X en la península y que, entre otras cosas, promulgaban un desapego absoluto de las cosas mundanas al tiempo que compartían abiertamente sus conocimientos con todos los que les visitaban. Transformado por esa doctrina, Fatim, que ya tenía un carácter bastante introvertido, decidió abandonar toda compañía hermética y se exilió en una serranía para convertirse en un exiliado. Solo en una caverna sin apenas comodidades, decidió llevar la doctrina jariyí hasta las últimas consecuencias y usar el Arte de la Memoria, en el que estaba algo versado, para construir su laboratorio dentro de su propia mente. Sería el Palacio de la Memoria de Fatim.

Para hacer realidad el laboratorio mental necesitó perfeccionar su conocimiento sobre el Arte de la Memoria, pero también tuvo que inventar varios hechizos rituales de Mentem para hacer más permanente y real, por así decirlo, el laboratorio. El resultado fue una construcción mental que solo puede ver él, pero que le sirve perfectamente para sus propósitos. En su mente existe una amplia villa con un hermoso jardín, cubierto a menudo por una fina neblina, y donde se escucha el alegre sonido del agua al correr por unas fuentes ocultas en algún rincón. Más allá del jardín hay un edificio de mármol blanco, con pasillos y estancias embaldosadas con delicadeza, y a cada estancia Fatim ha asignado una de las actividades que llevaría a cabo en un laboratorio real: estudio de libros, invención de hechizos, experimentación… Tanto los pasillos como las estancias están perfectamente iluminados, y un penetrante aroma flota siempre en el ambiente, a sándalo y otras fragancias llegadas de Oriente, que relajan la mente y ayudan al magus a alcanzar el nivel de concentración que busca. Plantas en grandes tiestos de cerámica adornan los aposentos, y en la estancia central se encuentra el principal elemento que utiliza Fatim cuando visita su palacio mental: un gran espejo de cuerpo entero, con un marco de hermosa madera tallada y pintada de dorado, frente al cual el Criamon se concentra para adentrarse aún más en su propia mente: al otro lado del espejo sabe que se encuentra la parte de su mente que no conoce ni controla, su parte irracional, donde está convencido de que algún día, con suficiente capacidad de introspección, podrá construir un nuevo palacio….

Mientras llega ese momento de iluminación, Fatim tiene otras preocupaciones algo más terrenales e inmediatas, como por ejemplo las limitaciones que le plantea su palacio mental a la hora de realizar ciertas actividades de laboratorio como encantar objetos o, lo más importante, realizar su ritual de longevidad o enseñar a un aprendiz, cosas que ahora mismo son completamente inviables. Está convencido de que puede inventar un hechizo que potencie aún más el palacio y le permita realizar esas actividades allí, pero por ahora no lo ha conseguido.

Mientras tanto, en el mundo real, Fatim sigue viviendo en la misma cueva diminuta donde se exilió hace varios años, un lugar con muy pocas comodidades y que no parece para nada el laboratorio de un magus. Si algún miembro de la Orden le visitara se sorprendería al ver solamente una desvencijada mesa con algunos pergaminos encima y una alfombra raída, sobre la cual Fatim acostumbra a sentarse en la posición del loto, para luego cerrar los ojos y perderse en un maravilloso lugar que solo él conoce…

  • Características (entre paréntesis las cifras en el mundo real): Tamaño +3, Calidad General +4, Seguridad -2, Salubridad +4 (0), Perfeccionamiento +1, Mantenimiento +1 (-5), Informidad +3, Estética +7 (-2)
  • Especializaciones: Creo 2, Extraer vis 2, Herbam 1, Imagniem 3, Intellego 1, Mentem 4, Vim 1
  • Virtudes y Defectos: Construcción Propicia, Decoración de Calidad, Distintivo Mayor (espejo), Entorno Idílico, Equipamiento Perfecto, Iluminación Superior, Ingredientes Preciosos, Plantas en Maceteros, Preservado, Sumamente Organizado; Construcción Mental
 
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Publicado por en 24 noviembre, 2019 en Miscelánea

 

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