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Noviembre hermético (XIII): La Pesadilla de Gunthar

18 Nov

Gunthar de Tremere es uno de los magus más veteranos del Tribunal del Rin. Educado hace más de un siglo en la mismísima Coeris y convertido desde hace lustros en eterno candidato al cargo de Exarca del Tribunal, que por ahora ostenta el incombustible Stentorius de Fengheld, a Gunthar le inculcaron la férrea y determinada filosofía de la Casa, que asimiló como si fuera un credo al que nunca ha renunciado. Desde entonces ha dedicado buena parte de su vida hermética a adiestrar a nuevos aprendices para la Casa, a los que inculca los mismos preceptos que le inculcaron a él. Por desgracia para esos aprendices, Gunthar no sigue las costumbres habituales de la Casa a la hora de devolver el sigil (y por lo tanto, su derecho a votar en un Tribunal, entre otras cosas) a sus antiguos aprendices una vez superado el Desafío. Más bien sigue un método bastante inusual para hacerlo: los encierra (voluntariamente, claro) en un laboratorio especialmente preparado por él, en el que deberán superar un complicado reto: conseguir crear un hechizo de sexta magnitud en menos de dos años. Es lo que los Tremere del Rin, y de hecho de todo el centro de Europa, conocen como “la Pesadilla de Gunthar”.

Evidentemente, Gunthar se ha asegurado de que sus antiguos aprendices no lo tengan nada fácil para cumplir ese objetivo. Para empezar, el laboratorio se encuentra en lo alto de una solitaria y estrecha torre de poca altura, formada por solo dos pisos: la planta baja ocupa tres cuartas partes de la totalidad de la estructura, pero es en la planta superior donde se encuentra el laboratorio en cuestión, que no es más que una diminuta estancia de algo más de 30 metros cuadrados donde los Tremere que quieran recuperar su sigil deberán no solo estudiar sino también dormir y comer. El propio Gunthar se establece durante los dos años de duración de la prueba en la planta baja de la torre, que goza de todo tipo de lujos y comodidades (además de contar con un laboratorio preparado para que el Tremere trabaje allí mientras vigila a sus antiguos alumnos). Desde allí se encarga de proporcionar a los jóvenes los fondos necesarios para poder sobrevivir y mantener sus actividades, que no son muchos, al menos en un primer momento. No les regala nada, pero también es cierto que tampoco les escatima ninguno de los elementos e ingredientes a los que tiene acceso un magus. Y por supuesto, no permite a ninguno de los ocupantes traer consigo nada que no sea su equipamiento más básico y, como mucho, su talismán.

Pese a eso, los ocupantes de la Pesadilla no lo tienen nada fácil, y no solo por el reducido espacio del laboratorio. El lugar carece por completo de Aura Mágica (y este es el principal motivo del apelativo por el que se conoce el laboratorio), pero tampoco tiene decoración alguna, reduciéndose a cuatro paredes que, además, están repletas de estanterías y anaqueles con ingredientes amontonados sin orden ni concierto, alambiques y retortas apretujadas entre sí y pergaminos y tinta mezclados y, a menudo, en un estado deplorable. Por si eso fuera poco, no existe el habitual círculo grabado en el suelo donde todo magi hermético prueba sus hechizos, lo que impide a cualquier ocupante inventar nada, al menos no de manera inmediata. La única concesión que ofrece Gunthar a sus antiguos aprendices es con la vis: consciente de que no pueden extraer vis del aura, les permite el acceso a una fuente de vis que hay en las cercanías de la torre, en una regio que genera una limitada cantidad de vis Vim a lo largo del año, y que los magi aprovechan al máximo durante el reto.

Todos estos condicionantes suelen complicar enormemente el objetivo de crear un hechizo de sexta magnitud: los Tremere que quieren recuperar su sigil por lo general tienen que invertir varias estaciones en reacondicionar el laboratorio para que cumpla unos mínimos, y para entonces, a menudo ya es tarde para alcanzar el objetivo del reto, a menos que tomen alguna rutina de laboratorio extraordinaria, lo cual siempre es arriesgado teniendo en cuenta las condiciones reinantes. Los magi deben encontrar un delicado equilibrio entre mejorar su laboratorio e iniciar la invención del hechizo, y es precisamente ahí donde radica la clave de la prueba para Gunthar: el reto pretende confirmar que sus antiguos aprendices cuentan con el auténtico espíritu de la Casa Tremere, que durante siglos ha cumplido el que considera su cometido para con la Orden de Hermes: prepararse para su eventual defensa contra cualquier amenaza, optimizando los recursos a su disposición sea cual sea la situación, por compleja o limitada que esta resulte. ¿Y qué hay más limitado que pasar dos años en esta pesadilla de laboratorio?

Casi ninguno de los magi ha conseguido superar el reto de la Pesadilla a la primera, y muchos solo recuperan su sigil cuando ya son magos con décadas de experiencia a sus espaldas. Y es que Gunthar siempre se guarda un último as en la manga: para evitar el boca a boca, siempre cambia la configuración específica del laboratorio entre un aprendiz y el siguiente, reservando así la “sorpresa”…

  • Características: Tamaño -1 (30 metros cuadrados), Calidad General -1, Seguridad -4, Salubridad -2, Perfeccionamiento 0, Mantenimiento -4, Informidad +1, Estética -4
  • Especializaciones: Creo 1, Experimentación 1; imposible inventar hechizos por falta de equipo
  • Virtudes y Defectos: Fuente de Vis, Vivienda; Angosto, Equipamiento Faltante, Ingredientes Pésimos, Sin Decorar
  • Rasgos de Personalidad: Taimado +1
  • Reputación: Pesadilla +2
 
2 comentarios

Publicado por en 18 noviembre, 2019 en Miscelánea

 

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2 Respuestas a “Noviembre hermético (XIII): La Pesadilla de Gunthar

  1. Idabaoth

    18 noviembre, 2019 at 8:11 pm

    ¡Menuda escape room! Qué buen ejemplo de que con poco se puede hacer mucho, es un concepto de lo más ingenioso.

     
    • Teotimus

      18 noviembre, 2019 at 8:40 pm

      Gracias por los cumplidos, caballero. Es cierto que a veces uno se empecina en hacer cosas muy complejas y con una buena idea bien condimentada el resultado es más que satisfactorio.

      Y ya sabes lo que dicen, nunca te fíes de la mente de un Tremere… ¡puede ser increíblemente maquiavél… digo, pragmáticos!

       

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