RSS

Noviembre hermético (IV): El palacio de Billiabirdi

04 Nov

En la enorme y decadente ciudad de Roma, y más concretamente en las laderas de una de las siete colinas que delimitan la ciudad, se eleva un pequeño palacete de mármol blanco rodeado por un pequeño jardín. El idílico lugar es la residencia de un afamado alquimista de la ciudad llamado Billiabirdi. El tal Billiabirdi es en realidad un magus de la Casa Jerbiton que ha aprovechado su Don Silencioso para establecerse como un contacto habitual de algunas de las muchas familias nobles de la ciudad que requieren de sus servicios arcanos para todo tipo de tareas. Su morada, mitad residencia y mitad laboratorio, está a la altura de la opulencia de otras residencias de la zona.

El pequeño jardín conduce hasta una amplia escalinata de entrada y un pórtico embaldosado donde una puerta de madera de caoba noble permite acceder a un gran vestíbulo o recibidor decorado de la manera más exquisita, con tapices importados de Bruselas que recubren las paredes y una lujosa alfombra de seda persa con preciosos bordados florales. Una pequeña y modesta puerta lateral conduce hacia la vivienda de Billiabirdi, pero el visitante apenas reparará en ella, centrando probablemente toda su atención en la otra puerta que hay enfrente de la de entrada, igual a la principal solo que un poco más pequeña, y que conduce hasta el laboratorio del magus. Es allí donde se puede apreciar la auténtica riqueza del Jerbiton: en un único espacio diáfano conviven los ingredientes arcanos más inusuales con las decoraciones más refinadas, los accesorios más exóticos y los detalles más recargados. El techo, de varios metros de altura, está pintado con frescos que representan imágenes de origen bizantino (pues de ahí procede Billiabirdi), mientras que las paredes están forradas de una tela similar al terciopelo de color granate con decoraciones doradas de complejas filigranas. Aquí el suelo está embaldosado con pequeños y delicados azulejos de color blanco y salmón que contrastan con lo recargado de las paredes. Entre suelo y techo, elegantes molduras de mármol representan figuras animales contorsionadas en complejos escorzos plasmados con maestría por los artistas. El mobiliario está a la altura del resto de la estancia, con lujosos sillones acolchados hechos de madera tallada, recias mesas con candelabros decorativos y pequeñas estatuillas, aquí y allá, de nuevo con los motivos más insólitos. Por toda la estancia se aprecian complejas estructuras de alambiques y retortas hechas del más fino cristal, y en las varias mesas de trabajo de Billiabirdi hay pequeñas gemas, polvos preciosos y otros ingredientes por los que muchos mundanos darían una fortuna.

El atónito visitante quedará probablemente obnubilado por todo este oropel… que no es más que una compleja ilusión creada por el propio Billiabirdi como reclamo para atraer a nuevos clientes. La dura realidad es que el Jerbiton está en la más absoluta ruina: después de haber invertido todas sus posesiones en la compra del palacete y en la creación del deslumbrante vestíbulo (el único elemento lujoso que es real en todo el palacio), el Jerbiton sufrió el robo de toda su fortuna por parte de un ladrón que accedió al interior del palacio y le desvalijó sin que él se enterara de lo que estaba ocurriendo (lo que le hace sospechar que el saqueador se valió de algún método mágico). Despojado de toda su fortuna y temeroso de usar su magia para crear dinero mágicamente por miedo a llamar la atención de la Orden de Hermes, que sin duda no vería con buenos ojos sus habituales negocios con los mundanos, Billiabirdi recurrió a su considerable conocimiento del arte de Imaginem para crear la ilusión de un laboratorio palaciego que deslumbrara a su visitantes y les convenciera de que el magus era capaz de obrar cualquier prodigio mágico. En realidad, por debajo de esa ilusión hay un laboratorio mucho más sencillo y discreto, vulgar y triste en comparación con el vestíbulo, y lo que es peor, apenas sin espacio para almacenar los ingredientes reales que Billiabirdi necesita para poder obrar su magia.

El Jerbiton no podrá mantener esta situación durante mucho tiempo, y por eso su prioridad, su obsesión casi, es utilizar la potente ilusión que cubre su laboratorio para encontrar algún patrón que le acoja bajo su protección y que le proporcione los fondos que necesita para consolidar su posición en la ciudad y poder hacer realidad su palaciego laboratorio. Pero esa ansiedad podría jugarle una mala pasada y llamar la atención precisamente de esa misma Orden a la que quiere evitar…

  • Características (entre paréntesis se indican las cifras reales, sin contar los efectos de la ilusión): Tamaño +0 (50 metros cuadrados), Perfeccionamiento +1, Calidad General +1 (0), Mantenimiento +5 (+2), Seguridad -1, Informidad +2, Salubridad +3 (+1), Estética +12 (+8)
  • Especializaciones (entre paréntesis se indican las cifras reales, sin contar los efectos de la ilusión): Creo 1 (0), Imaginem 3, Enseñar 3 (1) 
  • Virtudes y Defectos: Decoración de Calidad, Entrada Majestuosa, Opulento, Palaciego; Ilusión Mayor (Palaciego), Sin Almacenes
  • Rasgos de Personalidad: Fatuo +2
  • Reputación: Deslumbrante +3
 
Deja un comentario

Publicado por en 4 noviembre, 2019 en Miscelánea

 

Etiquetas: ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

 
A %d blogueros les gusta esto: