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El complejo arte de lo mágico

11 Ene

Un polémico comentario vertido hace unos días en un podcast norteamericano, que no dejaba en muy buen lugar a los DJ de Savage Worlds (así, en general), tuvo como consecuencia un pequeño aluvión de entradas y comentarios entre los árbitros del mundillo salvaje en el que unos y otros exponían los valores que le veían al juego de Pinnacle. Coincido bastante con casi todo lo que se comentó en su momento, así que no añadiré mucho más: Savage es un sistema ligero, fácil de aprender pero que no carece de profundidad, muy bien pensado y con una variedad de ambientaciones y una cantidad de material disponible que es sencillamente mareante. La combinación de todo ello hace que sea difícil resistirse, como mínimo, a probar el juego.

Y voy a aprovechar la coyuntura, a toro pasado, para hacer una entrada que hacía tiempo que tenía en la cabeza, y es una reflexión entre Savage Worlds y Ars Magica, dos juegos y sistemas diametralmente opuestos pero que me tienen fascinado por motivos muy diferentes. Me explico: el motivo por el que se cuestionaba la calidad de los DJs de Savage Worlds era, por lo que creí entender, que su carácter “rápido” (ya sabéis, “¡Rápido, furioso, frenético!”) permite reducir muchísimo el tiempo de preparación de una partida, que se puede tener pergeñada en muy poco rato, lo que permitiría (siempre según la línea argumental del comentario original) que “cualquier DJ” se pudiera dedicar a Savage Worlds sin prepararse mucho las cosas. Eso, a su vez, repercutiría en la “calidad” de las partidas de esos DJs. Dejando de lado que un DJ no es mejor o peor por el juego que use, la identificación entre tiempo de preparación y calidad de la partida tampoco es para nada afortunada. Alguien con suficiente capacidad de improvisación puede hacer una partida memorable con media hora de preparación y tres notas garabateadas.

Pero tampoco es a eso a lo que iba. Savage es, efectivamente, un sistema “rápido” a la hora de preparar partidas. Hay incontables aventuras de una hoja que en dos caras de folio te ofrecen toda la información que necesitas para arbitrar una partida, estadísticas incluidas. Hacer una criatura nueva es tan fácil como ojear un manual, buscar algo parecido a lo que tenemos en mente y personalizarlo con un par de toques. Y aun si tenemos que hacer algo desde cero, generar una nueva criatura o un nuevo PNJ nos llevará cinco minutos… o menos. Tenemos generadores de aventuras, tenemos un listado de poderes limitado pero enormemente versátil y “personalizable” y tenemos un sistema de combate modulable, con muchas alternativas que puedes decidir introducir paulatinamente en el juego.

Sin embargo, que la preparación sea rápida no significa que tenga que serlo. Como en casi cualquier otro juego, un DJ puede “complicar” esa preparación todo lo que quiera. Puede crear nuevos poderes o nuevas habilidades, puede explotar al máximo los subsistemas existentes para elevar la complejidad. Y es ese carácter “modulable” lo que creo que lo hace tan popular: casi cualquiera puede sacarse una aventura de la manga en cinco minutos, pero no hay límites al tiempo que le puedes dedicar a enriquecer esa partida. Todos contentos, tanto los que quieren algo sencillo como los que tienden a improvisar como los que (como yo) son de preparar con una mayor meticulosidad.

Apliquemos la misma lectura ahora a Ars Magica, el otro juego de mis entretelas. Ars es un juego complejo a todos los niveles, y la preparación de cualquier avenrtura (oh, gasp… ¡saga!) requiere no solo una cantidad importante de trabajo, sino también conocer bastante bien el sistema, que no es moco de pavo: los entresijos de la magia (sobre todo la espontánea), las diferentes estadísticas que necesita una criatura o monstruo (y cómo calcularlos), los matices de las actividades de laboratorio… Ars no deja espacio a la improvisación, a la adjudicación gratuita de valores, porque todo está (y esa es una de sus grandes virtudes) perfectamente calculado para que sea coherente, y cualquier desequilibrio arbitrario puede echar a perder una partida. Decidir ponerle Poder 20 a un monstruo en lugar de Poder 15 puede suponer una diferencia muy importante.

Y el auténtico “problema” (que para mí no lo es, aunque entiendo que haya quien lo perciba así) es que así como Savage parte de una preparación sencilla y rápida que se puede complicar todo lo que sea necesario, Ars no permite simplificar muchos aspectos de la preparación sin correr el riesgo de desequilibrar una aventura. Quien quiera preparar una partida sabe que tiene por delante un ingente trabajo y la única forma de que ese trabajo no se nos haga un calvario es… disfrutar del proceso de preparación. Algo que parece obvio pero que no siempre ocurre, porque hay para quien la preparación es un peaje a pagar para poder pasar un buen rato en la mesa. Puedo parecer marciano, pero yo disfruto con la preparación de Ars, invirtiendo un tiempo importante en calcular efectos y objetos, en perfilar PNJs y regiones… porque disfruto con la preparación de cualquier partida, sí, pero también porque me permite apreciar la pequeña maravilla que es su sistema, lo bien pensado que está (casi) todo. Estoy seguro de que no soy el único que disfruta con estas cosas, pero también creo que no es algo especialmente universal; los crunchitos de Ars Magica son muchos y pueden llegar a imponer.

Y una vez el narrador ya ha preparado (y disfrutado preparando) una partida, siempre le quedará cruzar el último Rubicón, venderles el juego a los jugadores. La ambientación del juego, magi incluidos, es uno de sus puntos fuertes, pero cuando hay que empezar a hablar de números, Ars es todo lo contrario al “Tira un dado y saca 4+” de Savage, y puede haber más de un jugador abrumado. Por suerte, aquí sí que podemos reducir un poco la curva de aprendizaje seleccionando los elementos que queremos presentar a nuestros jugadores según su experiencia: reservar la magia espontánea hasta que se sientan cómodos con la formulaica, reservar las gestiones de la alianza hasta que se sientan cómodos con sus personajes, reservar según qué actividades de laboratorio que requieran demasiados cálculos… Es complicado y lleva trabajo, pero se puede.

Creo que es por eso (aunque no solo por eso, claro) que cada uno de los dos juegos tiene una comunidad del tamaño y la actividad que tiene. Se tardan cinco minutos en preparar un argumento para una partida de Savage, que luego podemos complicar lo que queramos. Preparar cualquier cosa para Ars es prolijo desde el minuto cero: no hay dos grupos iguales de magi y siempre hay que tener en cuenta sus particularidades. Un duelo contra un dragón o una situación diplomática tendrán unos resultados radicalmente diferentes en función de la composición del grupo de juego. Si ya es complejo crear algo para tu grupo, crear algo que además se pueda compartir y utilizar por otros grupos es doblemente peliagudo.

Aun así, yo no lo cambiaría por nada. Porque pese a todo eso, o tal vez precisamente por todo eso, Ars Magica sigue siendo un juego único, que ofrece cosas que no ofrece ningún otro juego, lo que creo que compensa (y sobradamente) ese esfuerzo de preparación. Si alguien está dudando si preparar algo para Ars y lee esta entrada, que no lo dude: con el debido “cariño”, el esfuerzo le merecerá la pena. Créanme, sodales…

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4 comentarios

Publicado por en 11 enero, 2017 en Miscelánea

 

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4 Respuestas a “El complejo arte de lo mágico

  1. Carlos de la Cruz

    11 enero, 2017 at 10:34 pm

    Ars Magica exige esfuerzo, y ver cómo las piezas encajan en su sitio es satisfactorio en sí mismo. Creo que coincidimos en que ciertas actividades generan interés precisamente por su complejidad, y por ver cómo somos capaces de comprenderlas y utilizarlas correctamente.

    Eso sí, no a todo el mundo le gusta algo así. Tiene que haber de todo 😀

     
    • Teotimus

      11 enero, 2017 at 10:47 pm

      Por supuesto, y esa era un poco la intención (muy mal expresada) de la entrada. Que me chiflen dos juegos diametralmente opuestos como estos dos deja bien claro que de todo hay en la viña del Señor… 🙂

       
  2. Brottor

    13 enero, 2017 at 5:21 pm

    Estoy completamente de acuerdo con lo que cuentas en esta entrada, y me sumo al pequeño grupo de raritos que disfrutamos con los entresijos de preparar una partida.

    Hay que asumirlo: en la era de la sobreinformación y de las prisas, a la gente no le gusta “perder el tiempo” leyendo largos manuales de reglas. De ahí que sistemas más simples y flexibles sean más populares que los más complejos (aunque éstos sean mucho más ricos).

    Añadiría, eso sí, a tu afirmación de que “Alguien con suficiente capacidad de improvisación puede hacer una partida memorable con media hora de preparación y tres notas garabateadas”, que a la inversa ocurre lo mismo: no por dedicar muchísimo esfuerzo y tiempo a preparar una partida ésta tiene por qué salir bien (aunque ciertamente tendrá mas posibilidades), ya que si no se controla el juego y el sistema, en particular en un caso complejo como es ArM, difícilmente se podrá conseguir un ritmo y una jugabilidad deseables.

     
    • Teotimus

      13 enero, 2017 at 7:58 pm

      Cuánta razón tienes en lo de que un mayor tiempo de preparación tampoco garantiza la calidad de la partida…

       

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