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Carrusel bloguero: Jugar a rol online

04 Feb

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¿Cómo no voy a escribir una entrada para el Carrusel bloguero de este mes, cuyo tema es el rol online iniciado por Eban de Pedralbes en su blog? ¿Cómo no voy hacerlo… si el rol online salvó mi grupo de juego?

No hay otra forma de decirlo. Veréis, yo siempre he tenido un mismo grupo desde que empecé a jugar a rol. Bueno, muy al principio tuve otro, cuando iba a EGB, pero el grupo bueno, el “núcleo duro”, se creó cuando éramos un puñado de adolescentes granujientos que coincidimos en la segunda planta de un casal barcelonés mientras descubríamos qué era eso del rol y los dados poliédricos. Eran principios de los noventa, la primera “edad dorada” de nuestro hobby, y sin quererlo ni beberlo pronto tuvimos montado un club de rol, hacíamos jornadas y jugábamos varias partidas cada fin de semana con una afluencia de jugadores constante y fiel. Días de vino y rosas que nunca volverán, y que exprimimos al máximo.

Entonces la vida empezó a imponer su implacable yugo. Empezamos a diversificar nuestras actividades. Empezamos a echarnos novias, a jugar menos. Aún no nos dábamos cuenta, pero ya había empezado la larga, constante e infructuosa guerra por arañar tiempo a cualquier cosa para dedicárselo a nuestra afición. Y debo decir que las primeras batallas de esa guerra se saldaron con demoledoras derrotas. Los jugadores empezaron a desaparecer, dejamos de jugar en el casal donde jugábamos para acabar jugando en tiendas o en otros lugares más insospechados…

Llegó un momento en que pareció todo perdido, cuando dos de los miembros de toda la vida del grupo se fueron a vivir al extranjero. Se acabó. Era la hora de guardar los dados en el cajón, y a otra cosa mariposa. Siempre hemos sido muy “fieles”, y nos ha costado jugar con otros jugadores, formar otros grupos. Somos así. También eran otros tiempos, las redes sociales todavía no eran lo que son hoy y no era tan fácil buscar “otros grupos”. Si no podíamos seguir jugando “los de siempre”, no tenía sentido seguir jugando.

Entonces, uno de nosotros propuso algo inusitado: jugar una partida online. Más concretamente, a través de un grupo de correo. Eso debió de ser sobre 2005, más o menos. La idea nos pareció rara, por decirlo de forma suave. No veíamos clara la transición de estar en una mesa de juego, hablando, tirando dados y disfrutando del momento, a hacerlo a través de una pantalla de ordenador. ¿Cómo resolver los combates? ¿Cómo adaptar los ritmos? ¿Cómo… jugar? Aun así, era o eso o nada, así que decidimos probar.

El propio responsable de la idea rompió el fuego con una campaña de Fudge. Nos costó acostumbrarnos, para qué negarlo. Tener que poner por escrito lo que hacía nuestro personaje, esperar a que el máster nos explicara lo que ocurría, esperar a las resoluciones de los demás jugadores… Aquello se parecía más a las partidas por correo de wargames y similares que se llevaban no mucho tiempo atrás que a algo realmente “moderno”. Tal vez fuera porque no nos sentíamos cómodos con el grado de abstracción que caracteriza a este tipo de partidas. No, nosotros lo jugábamos todo, nuestros personajes soltaban parrafadas y los combates se resolvían asalto a asalto, nada de enviar un mensaje que abarcara escenas, semanas, aventuras. Normal que nos pareciera un pequeño calvario. Aun así, continuamos jugando. Era un sucedáneo de una partida real, pero era el único sucedáneo que teníamos.

A Fudge siguió una partida de La Llamada de Cthulhu, tras lo cual yo hice un breve y desastroso intento con Rolemaster. Luego empezamos una de D&D, tras lo cual yo empecé mi saga de Ars Magica, que se ha prolongado cinco años antes de pararse temporalmente hace poco. Durante ese tramo nuestro máster del juego de toda la vida probó, esta vez con más suerte, con Rolemaster. También hemos probado con Fate en una partida de Dresden Files. Siempre por correo.

A lo largo de los años hemos ido puliendo nuestra interacción con las partidas online. Hemos aprendido a manejar los ritmos, a soslayar sus defectos (sobre todo ese ritmo cansino…) y a potenciar sus virtudes, que las tiene: nuestros personajes nunca han sido tan interesantes, tan cuidados, tan personales como ahora, y eso es porque el correo te permite una relación directa y privada con el máster que no puedes tener en partidas presenciales. Puedes pensar mejor lo que quieres hacer, expresarlo con mayor claridad, reflexionar con más calma. Para los que nos gusta escribir es una pequeña bendición.

También hemos ido reconfigurando nuestras partidas online. Hace algunos años decidimos utilizar Skype para acelerar un poco las partidas. No todo el mundo podía ester presente en las sesiones, pero se hizo un esfuerzo porque realmente suponía un ahorro de tiempo. Sin Skype probablemente habría partidas que nunca habríamos terminado. Luego empezamos a descubrir que había más software que contribuía a mejorar aún más la experiencia. Yo personalmente me di cuenta de que el uso de ese software nos podría ayudar a hacer que jugar online se pareciera cada vez más a una partida en vivo, y me he vuelto un aficionado impenitente a probar cualquier cosa que caiga en mis manos y que sirva para mejorar una partida online. Mis compañeros de mesa me temen cuando digo “He descubierto una cosa nueva que…”.

Así, pronto añadimos Maptool a las partidas por Skype para reemplazar los toscos dibujos que usábamos desde Google Drive. Maptool era un programa gratuito para simular sobre todo situaciones tácticas y combates, con una enorme capacidad que al mismo tiempo era (y es) su mayor virtud y su mayor defecto. Es un software genérico (es decir, no asociado a ningún reglamento por defecto) con el que puedes hacerlo casi todo, pero aprender a hacerlo, crear una partida con todos sus detalles posibles, lleva mucho tiempo. Y no todos teníamos ese tiempo.

Hicimos más pruebas. Usamos Tabletop Connect, una formidable herramienta que daba aún más realismo a esas situaciones tácticas, con mapas e imágenes tridimensionales que nos parecían increíbles. Parecía que sería nuestra elección final… hasta que, hace poco, el programa fue comprado por Fantasy Grounds antes de estar finalizado. Nos llevamos un buen berrinche, pero luego decidimos dar el salto a Fantasy Grounds. FG carece de la versatilidad de Maptool con los mapas (a la espera de tener implementado el interfaz de Tabletop Connect), pero te facilita muchísimo todo lo relacionado con las reglas y la gestión de tiradas y resolución de combates. Todo pagando, eso sí. Pero llega un momento en el que una pequeña inversión en estas cosas te permite aprovechar mejor el poco tiempo que seguimos teniendo para dedicar al rol.

No hemos llegado a jugar por Hangouts, ni tampoco hemos probado Roll20, probablemente nuestra única asignatura pendiente. No descarto que lo hagamos, quién sabe, pero ahora mismo nos basta como estamos. Hoy en día jugamos a Rolemaster por e-mail y a Savage Worlds por Fantasy Grounds, y el mero hecho de que tengamos no una, sino dos partidas abiertas en nuestra situación es testimonio de lo determinante que ha sido para nosotros jugar online.

Y lo mejor de todo, hace un par de años volvimos a jugar en vivo de forma regular. Partidas cortas, siempre con alguien conectado por Skype porque vive fuera de España, pero… hemos vuelto a jugar en vivo. Puedo asegurar que eso no habría sido posible si durante todos estos años, el rol online no nos hubiera mantenido en contacto.

Y dicho todo esto, me bajo del carrusel… ¡que suba el siguiente!

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4 comentarios

Publicado por en 4 febrero, 2016 en Opinión

 

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4 Respuestas a “Carrusel bloguero: Jugar a rol online

  1. EbaN de Pedralbes

    4 febrero, 2016 at 5:28 pm

    Muchas gracias por participar en el carrusel.

     
  2. Gica Sabinescu

    8 febrero, 2016 at 12:31 pm

    Muy interesante, por la experiencia alargada en el tiempo y por la cantidad de herrramientas que comentas. Como decía en mi entrada, espero no tener que recurrir al rol online y poder seguir jugando presencial en mesa, pero si no es posible os tomo como ejemplo a seguir 🙂

     
    • Teotimus

      8 febrero, 2016 at 12:56 pm

      Como diría aquel, “no se lo deseo a nadie”… Pero oye, eso nos obligó a reinventarnos, y aunque seguimos en nuestra pequeña diáspora, ¡por buscar alternativas que no quede!

       

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