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Las mil caras de la Orden de Hermes

15 Mar

Orden

La Orden de Hermes, la hermandad de magos que existe en la Europa Mítica desde hace siglos y que supone uno de los ejes principales de cualquier saga de Ars Magica, no ha sido siempre igual. A lo largo de las cinco ediciones del juego, la Orden ha cambiado, si no en su estructura general, sí en otros aspectos más o menos sutiles. Siempre (bueno, desde segunda edición) ha tenido sus doce Casas, y siempre ha existido más o menos apartada de la sociedad mundana, pero según la edición siempre había matices que la retrataban de una u otra forma. Por lo general, se puede decir que conforme avanzaban las ediciones, más se “integraba” (dentro de lo que cabe, claro) la Orden con la sociedad, y al mismo tiempo más integrada estaba en sí misma, con magos menos aislados y recluidos en todos los sentidos.

Esos cambios han culminado con la versión de la Orden en quinta edición. Una Orden mucho más mezclada con la sociedad medieval, hasta el punto de que uno se pregunta cómo es posible que su influencia no se note más en la Europa Mítica. Pero esa es otra discusión (parcialmente resuelta en Transforming Mythic Europe, por cierto). También parece una Orden más colaborativa que en otras ediciones, menos suspicaz con sus propios miembros y que parece haber dejado atrás los conflictos interinos que han marcado su pasado. Y digo “parece” porque este es un aspecto que queda intencionadamente ambiguo en el canon de los suplementos publicados, o mejor dicho, varía mucho según el suplemento o el Tribunal concreto que miremos. Si uno lee Covenants, y más en concreto la sección dedicada a los libros, casi se imagina la Orden como un grupo de prolíficos monjes bibliotecarios que han establecido un circuito de libros perfecto que ha dado pie a un florecimiento del conocimiento hermético sin igual. Y al leer Against the Dark, el suplemento sobre el Tribunal Transilvano, le cuesta creer que pueda existir una estructura tan armoniosa como la creada por los Tremere, y que a la vez no sea detectada por la sociedad. Sin embargo, si uno salta medio continente y se va a Hibernia, allí, según The Contested Isle, la cosa es bastante diferente y menos estructurada. Parece, casi, otra Orden de Hermes.

Creo que esta cuestión es importante, y es necesario resolverla al principio de una saga. Aunque más o menos todos tenemos la misma imagen genérica de la Orden, como se suele decir el diablo está en los detalles. ¿Cómo será la Orden de Hermes de la saga? ¿Será una institución intervencionista en la sociedad mundana o vivirá apartada? ¿Sus miembros confiarán los unos en los otros o serán misántropos paranoides que no confían ni en sus propios vecinos? ¿Los Quaesitoris serán una policía con una presencia e intromisión constante, o simplemente actuarán cuando la situación lo requiera? ¿La Casa Mercere y los Gorras Rojas serán unos mensajeros desinteresados o un grupo de usureros que sacan beneficio propio de cualquier transacción u operación que llevan a cabo? Es cierto que como he dicho antes algunos de estos aspectos dependen mucho del Tribunal, pero con más o menos diferencias, creo que se puede (y se debe) tomar una decisión que afecte a la Orden en general.

La respuesta a estas preguntas es más importante de lo que parece. Marcará en parte el tono de la partida, el desarrollo de los personajes y el crecimiento del covenant al que pertenezcan. Una Orden de Hermes abierta y comunicativa con sus propios miembros fomentará el intercambio de conocimientos, lo que repercutirá, por ejemplo, en la calidad (y abundancia) de los libros, de manera que los personajes se volverán más poderosos (como ya hablé en su momento) mucho más rápido, gracias a una Casa Mercere cuyos Gorras Rojas serán parte integral de ese circuito, y que se esforzarán denodadamente por transmitir esos conocimientos por todos los Tribunales de forma casi altruista. Las rencillas entre covenants serán poco habituales, los magos trabajarán en común de forma esforzada para alcanzar importantes objetivos herméticos y los Quaesitoris simplemente serán una presencia apenas perceptible mientras no se produzcan delitos graves, cosa que ocurrirá poco. Pese a las limitaciones del Don, la Orden interaccionará a menudo en la sociedad, llegando a aliarse con la nobleza o incluso con la Iglesia (¿tal vez contra los poderes infernales?), facciones ambas que conocerán la Orden hasta cierto punto y tolerarán su existencia (por beneficio propio, claro). La Orden respetará a las tradiciones no herméticas mientras sean inofensivas e incluso buscará su integración, en una búsqueda de un sueño utópico que una a todos los magos de Europa bajo una misma organización. El tipo de historias que se podrán contar en una saga de estas características girará en torno a temas como la interacción con la sociedad mundana (o su control) a gran escala, los grandes proyectos herméticos colectivos y en general tendrán un tono más mítico que histórico.

Si, por el contrario, queremos una Orden más aislacionista, más paranoide, el panorama será muy diferente. Los magos atesorarán sus libros como si fueran oro, y no los venderán salvo cuando el beneficio sea muy claro. Eso repercutirá en un avance más lento de los personajes, que tardarán más tiempo en hacerse más poderosos, lo que al mismo tiempo hará que tarden más en emprender proyectos de gran envergadura. Los Quaesitoris, sabedores de algunos hechos ocurridos en el pasado de la Orden, serán mucho más intervencionistas y asomarán su quisquilloso hocico al primer signo sospechoso para evitar que las situaciones se les vayan de las manos. La cooperación entre covenants o magos será poco habitual, y los covenants más antiguos y poderosos no tendrán reparos en recurrir a cualquier método para mantener el statu quo. Los covenants pequeños medrarán poco a poco, y los magos jóvenes podrían seguir sendas oscuras (o infernales) como atajos para obtener poder más rápidamente. A causa del Don, la interacción hermética con la sociedad medieval será reducida o, en cualquier caso, muy controlada en el caso de que se dé, para evitar cualquier reacción hostil por parte de la Iglesia o la nobleza ante un poder que desconocen. La Orden buscará activamente otras tradiciones mágicas, que analizará con detalle y tratará de eliminar de manera fulminante salvo que pueda sacar algún beneficio asumiéndolas en su seno. El tipo de historias en una saga de estas características será muy diferente: serán historias más turbias, con muchos más matices, marcadas por la suspicacia, la desconfianza y las traiciones, pero también, quién sabe, por los intentos de los PJs por cambiar esa situación.

Naturalmente, lo que he descrito son dos extremos bastante radicales. Nada impide elegir uno de ellos para una saga, pero lo más normal sería escoger un punto intermedio entre ambos con el que el grupo se sienta cómodo. Pero es importante tomar esa decisión porque como he dicho, puede tener una incidencia en muchos aspectos de la partida. Sea cual sea la decisión, es algo que deben tener claro los jugadores, para que sepan a qué atenerse desde el principio. No es lo mismo, por ejemplo, saber que con un chasqueo de dedos tendrás a un Gorra Roja a la puerta de tu covenant con un tractatus de Corpus de Calidad 15, que saber que te va a costar Dios y ayuda encontrar una summa aceptable… ¡y qué alegrón te llevarás cuando encuentres un libro antiguo del que realmente puedas aprender cosas durante varias temporadas!

En mi caso, intento que mi Orden de Hermes esté más o menos en un punto intermedio, tendiendo un poco hacia el lado “paranoide”. Los motivos son de lo más variopintos. Por un lado, quiero que los personajes tengan que currárselo un poco para alcanzar un cierto nivel de poder. Un mago hermético ya es bastante poderoso de salida, dárselo todo en bandeja me parece innecesario. Por otro lado, me gustan más el tipo de historias que puede generar una Orden de Hermes suspicaz y paranoide, me parece más… humano y realista (será que soy pesimista, no sé). En mis partidas los covenants más antiguos, las domus magnae, los Quaesitoris (y también un poco los Tremere), lo que se podría decir la troika hermética, vaya, tienen siempre una cierta ansia de control para evitar cambios demasiado grandes, y precisamente esos cambios suelen ser uno de los temas principales que impulsan mis partidas. Eso no quiere decir que todo sea sospecha y traición, claro: hay covenants y magos, incluso Casas, que colaboran entre sí, pero es algo mucho más localizado y concreto, no una pose general de la Orden. (Será que no soy TAN pesimista). Igual algún día me apetece más arbitrar una saga con una Orden más filantrópica y colaborativa, pero por ahora prefiero esto…

¿Y vosotros? ¿Qué Orden de Hermes tenéis en vuestras sagas?

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6 comentarios

Publicado por en 15 marzo, 2015 en Opinión

 

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6 Respuestas a “Las mil caras de la Orden de Hermes

  1. Alandeil

    15 marzo, 2015 at 4:30 pm

    A mi me gusta mas el rollo paranoide y que les cueste mas a los jugadores conseguir poder pero es todo teoria porque en la practica no tengo grupo de juego ni tiempo para comprobar que campaña es mejor, es una pena.

     
    • Teotimus

      16 marzo, 2015 at 4:26 pm

      Ah, otro del grupo “paranoide”, así me gusta. Y lo del tiempo (o falta de él) es un mal que nos azota a todos, sí…

       
  2. MarioJPC

    16 marzo, 2015 at 12:16 am

    En general voy en un término medio tirando a bueno, al menos al principio; pero insisto por ejemplo, en la jerarquía interna, mentores y alumnos, alianzas establecidas y sucursales (os recomiendo esto para tener tramas pero no necesitar montones de PNJs totalmente detallados). En Iberia por ejemplo, sí hay desconfianza entre magus de origen moro y los de origen cristiano, entre Alianzas de mayoría musulmana frente a las cristianas, que en sus conflictos deben atenerse ahora a las normas, y cosas así. Me gusta la idea de que hay cosas ahí fuera que los magi no controlan totalmente, así que igual que con las hadas, los reinos y la iglesia dan cosas buenas y malas, pero siempre historias y riesgos.

    Lo que no me gusta es cerrar o eliminar, me gustan las opciones, pero es cierto que hay opciones que hay que delimitar al principio.

     
    • Teotimus

      16 marzo, 2015 at 4:29 pm

      Curioso el enfoque ibérico… ¿No hay “prófugos” de un bando a otro? Alianzas cristianas que ayuden a las musulmanas y viceversa… ¿O es demasiado retorcido?

       
  3. reiizumi7

    17 marzo, 2015 at 10:24 pm

    En nuestro caso diría que nuestro convenant es todo amistad con todos, los covenants jóvenes comparten algo similar pero los “viejos” son más cerrados, como mínimo al principio. Pero aun que sea una Orden más hacia la amistad y compañerismo encontrar según que cosas no suele ser tan fácil, o barato, de conseguir con lo que acaba teniendo su miga.

     
    • Teotimus

      17 marzo, 2015 at 10:29 pm

      Sí, la figura del covenant antiguo y tradicional que se distancia de la sangre joven es un clásico también en mis partidas. Hasta que los jóvenes empiezan a tocar demasiado las narices y no pueden mantenerse apartados por más tiempo, para bien… o para mal.

       

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